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LOS MAYORES FRACASOS DE LA TECNOLOGIA

MALAS IDEAS

En todo desarrollo de curiosidad se van dejando por el vericueto goles y reveses. Ambas superficies de la moneda son asimismo necesarias para que la tecnología siga avanzando y se consigan procesos de distinción para la beneficencia. La línea entre el monstruo y el éxito es enormemente fina. El que un producto triunfe con caiga en el viejo de los traspiés puede deberse a profusos creadores. Desde errores de percepción o borradores execrables, desde su comienzo inclusive rivales enormemente fuertes o un mal proyecto de marketing pasando por quiméricos que se adelantaron a su periodo. Además, contrariamente a lo que copiosos piensan el éxito no está asociado al prestigio de la dependencia, de hecho, hay grandes sucursales tecnológicas que lanzaron a lo largo de su recorrida génerosmecanismos que prometían ser la tecnología del futuro resultando ser un auténtico fiasco. Repasamos algunos máximos monstruos del espacio tecnológico en las últimas divisiones.

Microsoft Zune

Apple comenzó a despuntar en el mundo de los dispositivos móviles con un reproductor de música, el iPod, que marcó un antes y un después en la forma de consumir contenidos de audio. Ante este éxito, los archienemigos de Jobs, es decir, Microsoft, decidieron plantarle cara y lanzar su propio reproductor de MP3.

Se trató del Zune, lanzado en 2006 y que llegó a tener hasta cuatro evoluciones, todas ellas anotando fracaso de ventas tras fracaso de ventas. Finalmente, Microsoft decidió abandonar su fabricación en 2011 y el pasado año anunció el cierre también de su plataforma de compra de música, Zune Music Pass.

MSN Direct Smartwatches

Llamémosles adelantados a su tiempo, o simplemente un fracaso, lo cierto es que la propia Microsoft fue pionera en el desarrollo de los relojes inteligentes con los MSN Direct Smartwatches. Lanzados entre 2003 y 2004, estos relojes de pulsera permitían obtener información en tiempo real de deportes, el tiempo o las últimas noticias del país y del mundo. Funcionaban no por redes móviles ni WiFi, como los smartwatches actuales, sino que lo hacían a través de un servicio de suscripción (de pago) por medio de ondas FM (las mismas que usa la radio convencional) y sólo disponible en determinadas zonas geográficas (100 ciudades de Estados Unidos y Canadá).

Esta tecnología, en la que confiaron marcas como la mismísima Swatch, fue una completa desconocida para la mayoría de los consumidores y, sin duda, un precedente nada parecido ni de lejos a los actuales smartwatches.

Power Mac G4 Cube

Pero Microsoft no tiene la exclusividad de los fracaso tecnológicos… ni mucho menos. Prácticamente todos los grandes fabricantes tienen en su haber algún fiasco de renombre. En el caso de Apple, uno de los más sonados (junto al Apple III o el Apple Lisa) fue el Power Mac G4 Cube, antecesor del Mac Mini, el cual supuso la gran apuesta de Steve Jobs tras su vuelta a la compañía.

Estrenado en el año 2000 y retirado de las tiendas apenas un año después, el Power Mac G4 Cube presentaba un diseño extremadamente rompedor, pero su precio y los fallos que hacían resquebrajarse su carcasa supusieron la condena de muerte de este particular ordenador.

Las unidades de memoria ZIP

A finales de la década de 1990, la coexistencia de los disquetes y los CD-ROM no cubría por completo las necesidades de almacenamiento de los usuarios. Mientras que los primeros tenían muy poca capacidad, los segundos aún no estaban extendidos en todos los equipos y su coste era aún muy alto. La alternativa fue el Iomega Zip Drive, una unidad magnética de gran capacidad que tuvo una gran popularidad hasta que se comprobó que los discos tenían una cantidad de fallos extraordinariamente alta para su uso.

Los usuarios llegaron a denominar a los errores de lectura y el desgaste de los discos como el “click de la muerte”, un fenómeno que desde la propia Iomega aceptaron… aunque le echaron la culpa a los usuarios por usar unidades no oficiales. Finalmente, el disco ZIP desapareció de la escena mundial y quedó para el recuerdo como un pequeño anexo más en la historia de la tecnología menos alegre de todos los tiempos.